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10/6/17

LAS MUJERES DE PABLO NERUDA _ Artículo


                                                                  Neruda en 1918


Neftalí Eliécer Ricardo Reyes Basoalto (quien adoptaría luego el nombre de Pablo Neruda) nació en Parral, sur de Chile, el 12 de julio del año 1904, hijo de José del Carmen Reyes, obrero ferroviario y de Rosa Basoalto, maestra de escuela, fallecida poco años después del nacimiento del poeta.

Ha sido llamado por el novelista Gabriel García Márquez "el más grande poeta del siglo XX en cualquier idioma".

En esta nota sólo consideraremos uno de los aspectos de su personalidad : 


Las mujeres en la vida de Pablo Neruda



Teresa Vázquez, el primer amor



Siendo un joven de 19 años, conoce en Temuco a Teresa Vázquez, cuyo nombre de nacimiento es Teresa León Bettiens y a la que el poeta llama Terusa. Neruda gana los Juegos Florales con su poema "La Canción de la Fiesta" y ella sale elegida reina de la primavera. Parecería que fue ella quien le inspirara gran parte de sus "20 poemas de amor y una canción desesperada".  Hay quienes dicen que éste es el primer amor importante en la vida de Neruda. De lo que no cabe duda es que a ella dedicó el “Poema 20”.
 
                                                                   Teresa  Vázquez

 Albertina Azócar, un amor juvenil

"La relación Pablo-Albertina surge cuando convivían en la misma sala de clases, paseaban por los corredores del antiguo edificio del Instituto Pedagógico, ubicado en Alameda con Cumming. “Si Neruda venía de la provincia de Cautín, Albertina, también sureña, nacida en Arauco, con su familia vinculada al magisterio, instalada en Lota Alto, junto a los minerales del carbón..., procedía asimismo, de una tierra de lluvias y mapuches." (Volodia Teitelboim, "Neruda")
Nacida en 1902, Albertina era hermana de Rubén Azócar, quien pertenecía al círculo de amigos íntimos de Neruda. Éste se acercó a Albertina, secretamente. "Así principiamos a conversar y pasear juntos, después de las clases".
El poeta la acompañaba hasta su pensión, caminaban por la Alameda, "salíamos a andar y andar, nomás. Nos sentábamos en alguna parte para conversar y fuimos algunas veces al cine".
Se vieron durante año y medio, a escondidas de todos. "Me habría casado con él -testifica Albertina-, pero volví a Concepción para terminar los estudios, hacer mi Memoria y trabajar en una escuela experimental al lado de la Universidad".
Neruda le escribía desesperadamente, pidiéndole matrimonio y recriminándola por su silencio. La llamaba Netocha y Marisombra.
Antes de partir a la India, en 1927, le rogó que dejara todo y se fueran juntos.
Pero ella no se atrevió.
Albertina se casó con el poeta Angel Cruchaga y murió en 1989, dieciséis años después de Neruda. De este amor que no pudo ser quedaron poemas en Veinte Poemas de Amor (1924), El Hondero Entusiasta (1924) y Residencia en la Tierra (1933).    


                                                     Albertina  Azócar


Laura Arrué


Según Inés María Cardone, en su libro “Los amores de Neruda”, a muchos lectores les ha llamado la atención el capítulo dedicado a Laura Arrué.  Dice ella: "Primero, porque su nombre jamás estuvo incluido en las listas “oficiales” de enamoradas de Neruda. Y segundo, porque quienes la conocieron solamente la recuerdan por su cautivadora belleza –dicen que se parecía mucho a Greta Garbo– y porque estaba casada con Homero Arce, el secretario de Neruda. Pocos sabían que en su juventud Laura y el poeta habían estado profundamente enamorados, pese a que, como siempre sucedía, la familia de la joven estaba en contra del romance. 
Hicieron muchos esfuerzos para separarlos sin buenos resultados, porque la pareja siempre encontraba la forma de reunirse. Pero toda esa pasión no bastó, y el destino hizo su propio trabajo. Neruda fue nombrado cónsul en Oriente y, aprovechando esa distancia, Homero Arce se dedicó a cortejar a Laura. No le bastó con los galanteos. Usó su puesto en la oficina de correos para esconder a Laura las numerosas cartas que el poeta le enviaba desde Birmania y Ceylán. 
Laura creyó que Neruda la había olvidado y no le escribió. Neruda pensó lo mismo y, angustiado por su soledad, se casó con María Antonieta Hagenaar, una javanesa de origen holandés. Homero logró su objetivo y se casó con Laura poco después. Sin embargo, se convirtió en un fiel colaborador de Neruda y jamás recibió un centavo por su labor. Quién sabe si con su trabajo estaría pagando sus culpas. "

Josie  Bliss, un amor violento


La pantera Birmana.

Durante los años de residencia en Rangún, Neruda tuvo un idilio dramático y conmovedor con una nativa, y lo cuenta diciendo: "Me adentré tanto en el alma de esa gente, que me enamoré de una nativa. Se vestía como una inglesa y su nombre de calle era Josie Bliss. pero en la intimidad de su casa, que pronto compartí, se despojaba de tales prendas y de tal nombre para usar su deslumbrante sarong y su recóndito nombre birmano."

El idilio duró unos meses "hasta que la dulce Josie Bliss fue reconcentrándose y apasionándose hasta enfermar de celos… A veces, de noche, me despertaba la luz encendida y creía ver una aparición detrás del mosquitero. Era ella, apenas vestida de blanco, blandiendo su largo cuchillo indígena, afilado como una navaja de afeitar, paseándose horas frente a mi cama sin decidirse a matarme. Con eso, me decía, terminarían sus temores. Cuenta Neruda : “Por suerte recibí un mensaje oficial que anunciaba mi traslado a Ceilán. Preparé mi viaje en secreto y un día, dejando mi ropa y mis libros, salí de la casa como de costumbre y entré al barco que me llevaba lejos." A ella le dedica el conocido poema "El tango del viudo".

María Antonieta Hagenaar, la primera esposa


Después de huir de Josie Bliss, Neruda conoció en Java a una joven malaya de origen holandés, María Antonieta Hagenaar. Con ella se casó en 1930. El matrimonio con Maruja, como él la llamaba, fracasó pronto. Ella era una mujer fría, poco sensible a la poesía y que no comprendía español. Tuvieron una hija, Malva Marina, que murió a causa de hidrocefalia.

Estando aún en oriente, cansado de la soledad y del silencio de Albertina que no contesta sus cartas, se ve empujado a buscar una compañera y la encuentra en María Antonieta Hagenaar.                                              
Ella es holandesa y tiene 30 años cuando se conocen. Él tiene 26. Después de cinco meses de romance se casan a fines del año 1930. Tres años más tarde se trasladan al consulado de Buenos Aires. Maruca está embarazada y la relación no es buena. La holandesa no logra adaptarse al ritmo de vida de su marido. Detesta las reuniones nocturnas y la vida bohemia. 
La relación empeora cuando Neruda asume como cónsul en Madrid en 1934 y nace su hija Malva Marina. La niña tiene hidrocefalia y se presume que no vivirá mucho. Sin embargo vive nueve años más y muere en 1943 cuando ya Neruda se había separado de María Antonieta.

A Malva Marina dedica un doloroso verso en el poema "Enfermedades en mi casa".


                                                                María Antonieta Hagenaar



Delia del Carril, la segunda esposa


Aún casado con María Antonieta, se enamoró de Delia del Carril, una refinada intelectual argentina 20 años mayor, vinculada a la vanguardia de Europa. Se conocieron en 1934, en los terribles días de la Guerra Civil española y a partir de 1936 comenzaron a vivir juntos. Delia es tal vez la mujer que mayor influencia tuvo en el poeta, sobre todo en su formación política.

Dicen que se conocieron en casa de amigos. En ese momento es para él la compañera ideal. Es militante del partido comunista, hace de secretaria, es quien lo contacta con la intelectualidad europea. La amiga de Dalí, de Picasso, de García Lorca, de Rafael Alberti, de Miguel Hernández. Tiene categoría intelectual, roce social y prestigio. Además es una mujer encantadora, querida por todos sus amigos.
Delia provenía de una acaudalada y aristocrática familia argentina. Creció entre la sociedad cerrada de Buenos Aires y la abierta de París. Neruda y ella se casan en México en 1943, aunque el matrimonio no es válido en Chile. El poeta tiene 39 años. Delia está por cumplir 60.

En su libro "Memorial de Isla Negra" dice en uno de los pocos poemas en que la nombra:

"Delia es la luz de la ventana abierta/ a la verdad//, al árbol de miel,/ y pasó el tiempo sin que yo supiera/ si quedó de los años malheridos/ sólo su resplandor de inteligencia/ la suavidad de la que acompañó/ la dura habitación de mis dolores…"

Casi 20 años compartió su vida con Delia del Carril, hasta que en 1949, una sombra comenzó a acompañarla, sin que ella lo supiera. Era la sombra de Matilde Urrutia.

 
                                                          Delia  del  Carril


Matilde Urrutia, la tercera esposa


Estudiante de canto poco aventajada, conoció a Neruda en 1946 en el Parque Forestal, pero el idilio se encendió en México tres años después, cuando ella hizo de su enfermera. Esta mujer, menuda, hermosa, de manos pausadas, voz suave y cabellera exuberante, constituyó la musa esencial del poeta chileno. 
A ella le dedicó muchos versos a partir de su encuentro en México, cuando estaba desterrado, entre otros, “Los versos del capitán”, que publicara en Nápoles, en 1952, en forma anónima para "no revelar su progenitura y no desnudar la intimidad de su nacimiento", como sostiene más tarde el propio Neruda. El poeta estaba casado en esa época con Delia del Carril. Tras seis años de amor clandestino, Neruda dejó a Delia y comenzó una vida nueva con Matilde.


Durante ese sexenio (1949-1955) previo a la separación de Neruda con Delia del Carril, Matilde será la "elegida" y por ello la innombrada: la enigmática Rosario de la Cerda en los anónimos "Versos del Capitán", la "Pasajera de Capri" de "Las uvas y el viento" y la dueña de aquellas manos de jardinera que se deslizan por las “Odas Elementales”. Vivieron juntos desde ese momento. 
Luego se casaron legalmente. La reinserción de lo americano y lo chileno como temas esenciales de la obra de Neruda a partir del “Canto general”, tras el desarraigo de que da testimonio el ciclo de “Residencia en la tierra”, coincide con el amor de Matilde, quien acompañó a Neruda hasta el día de su muerte, ocurrida el 23 de septiembre de 1973, y asumió la tarea extremadamente difícil de preservar su legado en circunstancias dramáticas para Chile.


                                                               Matilde  Urrutia



Alicia Urrutia, la última pasión


Inés María Cardone, periodista chilena, autora del libro Los amores de Neruda, revela algunos de los detalles de la relación encubierta entre el poeta y Alicia Urrutia. 

Alicia era sobrina de Matilde y fue acogida por ella en su casa de Isla Negra, en la costa central chilena, a fines de los años 60, cuando recién había sido madre de una niña llamada Rosario.

En aquella casa, una de las tres residencias de Neruda, la joven Alicia Urrutia -que por entonces bordeaba los 25 años de edad- desempeñaba labores de hogar, mientras su pequeña hija Rosario asistía a la escuela pública de Isla Negra. La relación amorosa entre Neruda y Alicia Urrutia habría surgido en 1969, cuando el poeta tenía 65 años de edad.

«Matilde (Urrutia), dueña del mundo, coronada reina, musa del gran poeta, jamás imaginó que ella también sería traicionada en su propia casa, tal como había sucedido antes. Pero tuvo que pasar mucho tiempo para vivirlo en carne propia». 
"Alicia no era más que una empleada para Matilde y la trataba con muy poca amabilidad. Neruda se compadeció de ella y de la compasión pasó al amor en poco tiempo. Un día Matilde salió de compras, pero ya sospechaba del romance y volvió mucho antes de lo esperado. Los encontró en la cama y explotó de furia", dice Cardone en su libro.

En ese momento expulsó a su sobrina de su casa costera, para más tarde enviar un camión con las cosas de Alicia Urrutia a Santiago.

La furia de Matilde con su marido y su sobrina la empujó a borrar todo vestigio de la joven en su casa, quemó cartas, fotografías y notas. Y a Neruda lo puso contra la pared: debían irse lejos. En 1971, Neruda pidió al entonces presidente Allende que lo enviara fuera de Chile como embajador. Así, Pablo Neruda llegó a la embajada de Chile en Francia, donde en 1971 le sorprendió el Premio Nobel de Literatura.

La periodista Inés María Cardone  logró ubicar a Alicia Urrutia en la norteña ciudad de Arica, limítrofe con Perú, pero no pudo hablar con ella.
Los investigadores, amigos y colegas de Neruda, que por mucho tiempo guardaron silencio sobre la relación clandestina del poeta con la sobrina de su esposa, coinciden en que ellos no se volvieron a ver. Pero que la relación, al menos a través de cartas y mensajes, continuó por algún tiempo.

«De piel morena y formas exuberantes», según la describió el escritor Jorge Edwards.
Las primeras pistas públicas del amor que vivieron Neruda y Alicia Urrutia las dio el historiador Abraham Quezada, que cuando investigaba la vida diplomática del poeta se encontró con una carta de la joven dirigida al premio Nobel en 1971.
Carta de Alicia Urrutia a Pablo Neruda
 "Pablo amor" -dice textual la misiva- quisiera que esta carta llegue el dia 12 de julio de tu cumpleaños. Pablo amor que seas feliz. Todas las horas del día y de la noche estes donde estes y con quien sea sea sé feliz, te recordare, pensare en ti alma mia. Mi corazon esta tivio de amarte tanto y pensar en ti. Amor amado amor te beso y te acaricio todo tu cuerpo amado. Amor amado amor amor amor mío amor. Tu Alicia que te Ama" (sic).

Transcripto del diario La Tercera de Santiago 16-07-2004. Las faltas de ortografía pertenecen al original. 
Unos poemas inéditos parecen confirmar el último romance de Neruda.

Son 14 poemas, compilados en un manuscrito que fue bautizado como “Álbum de Isla Negra”, que fue adquirido recientemente por uno de los mayores coleccionistas de su obra en Chile, el abogado Nurieldín Hermosilla, quien a su vez lo compró por una alta suma a un librero que antes lo había adquirido a un anónimo vendedor. Pagó varios miles de dólares por el manuscrito. El texto se hizo público por decisión de la propia Alicia, que aún vive, pero que jamás ha pronunciado palabra pública sobre el tema, según dijo el abogado.

Los investigadores de Neruda estiman que el silencio de Alicia Urrutia es una prueba de la profundidad y autenticidad de los sentimientos que tuvo hacia el poeta. Es más, Hermosilla, estima que Alicia «se decidió a confirmar su amor con Neruda y puso a la venta este libro para legitimarse y terminar con el mito».

En el álbum de catorce páginas, el poeta le dedica a la joven, con tinta verde y dibujos de varias flores: «Isla Negra. Pablo Neruda. Para que navegues por mi poesía. Para mi querida Alicia».

En el libro, Neruda le dice a Alicia: "En tus sueños nacen las alas azules que guardo en este libro perdido/Yo colecciono tus lágrimas/Ellas vuelan a una caja que guardo en un jardín donde sólo llega tu sombra/Aquí está el árbol de olvido/De él saqué un trozo de madera para grabar tu nombre".

Los nuevos poemas generaron reacciones dispares entre los amantes de la poesía de Neruda, a quien se le considera el autor de los versos de amor más leídos en el mundo.

"Esto es sumamente importante, contribuye a la estructuración de toda la obra de Neruda", dijo Aída Figueroa, directora de la Fundación Neruda.

"Alicia es una figura que por mucho tiempo se trató de soslayar (...) Fue la última pasión de Neruda y le trajo terribles dolores", agregó Figueroa.



Bibliografía.


 “Mi amigo Pablo _ Vida y obra de Pablo Neruda”, por Aída Figueroa .

“Mi vida junto a Pablo Neruda”,  por Matilde Urrutia.

 “Confieso que he vivido”, por Pablo Neruda.

 “Todo debe ser demasiado” “La Hormiga”, por Fernando Sáez.

 “El  poeta y sus amores”. Diario “La Tercera”, Mayo 2004.

 “Biografía de Pablo Neruda”, por Margarita Aguirre.

“Los Amores de Neruda”, de Inés María Cardone


“Las Mujeres de Neruda. Breve Crónica”,  de María Luisa García-Tello.


“Neftalí, el niño de la lluvia”, por Jorge Díaz.

(Las imágenes se pueden ampliar).

1 comentario:

Rembrandt dijo...

Excelente post Wilson, me encantó y alegró leerte nuevamente.

Abrazos

REM