BLOG DE EL ESCRIBIDOR

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1/12/18

LOS TILOS DE ATLÁNTIDA

 LOS TILOS DE ATLÁNTIDA


Ya se ha dicho, que todo el balneario -y sus alrededores- son como un jardín botánico gigantesco, con especies vegetales exóticas y autóctonas; unas de gran valor ornamental, otras de excelente sombra, y en muchos casos están las que brindan ambas cosas.

En esta reseña quiero referirme a los Tilos de Atlántida; y especialmente a dos de ellos, que están muy a la vista de cualquiera de nosotros al transitar por el centro de la ciudad.

Sobre la vereda de la calle Ciudad de Montevideo, frente a la plaza “Artigas”, hay dos hermosos árboles de Tilo. Por su tamaño uno puede darse cuenta que son añejos. Están florecidos en primavera y verano, su sombra cerrada y refrescante tiene el aditamento de un aroma dulzón que baja de ellos y que se aprecia al pasar por ese lugar. Ese perfume es el mismo que tiene una bolsita de flores de Tilo cuando se abre, pero, en este caso aumentado por el calor del sol que les da a pleno durante el día.
A decir verdad, hay muchos árboles de Tilo en nuestros 
espacios públicos; sin duda hubo plantadores visionarios, en los primeros tiempos del balneario, que lo eligieron como árbol de sombra y de adorno. Simplemente tomo estos dos 

ejemplares como referentes, porque están en un lugar 

céntrico y cualquier persona los puede observar al pasar por la calle Ciudad de Montevideo.


Características de la planta de Tilo
 Buscando datos técnicos sobre estas plantas se puede encontrar lo siguiente:

“Nombre científico _ Tilia Moltkei.
Etimología _ Tilia _ El nombre deriva de la palabra griega  ptilon (= ala), por la característica de las brácteas, lo que facilita la propagación de la flor por el viento.
 ***
Es una especie exótica, proveniente de los bosques europeos. Es una de las plantas más importantes desde el punto de vista medicinal. Aunque apenas posee aceites esenciales, contiene sin embargo mucílagos, taninos, azúcares y más de diez glucósidos diferentes. Éstos albergan propiedades efectivas sobre las glándulas sudoríparas, y son por tanto muy adecuados para su aplicación contra los resfriados y en procesos catarrales.

Tiene propiedades como estimulante del apetito; es sedante (ligeramente hipnótico); antiespasmódico; antirreumático y un reconocido diurético (entra en la composición de numerosas tisanas para estos fines); es suave hipotensor, vasodilatador y fluidificante de la sangre. Se emplea contra los espasmos, insomnio, histerias, hipocondrías, indigestiones, artritis, litiasis renal y biliar, migrañas, etc.
En usos externos, la decocción de flores es muy útil en gargarismos, enjuagues de boca y cicatrizante de heridas. La corteza es un buen eliminador de toxinas.
Con las ramitas secas del Tilo se fabrica el llamado “carbón de Tilo”, utilizado en afecciones digestivas, hepáticas y biliares (drenaje de estas vías). Contra la excesiva acidez gástrica o los gases intestinales (carminativo); también como antídoto en caso de ingerir sustancias tóxicas o venenos. Es de sabor agradable y mucilaginoso.
El Tilo se emplea como cosmético para los cuidados de la piel; en el cuidado del cuero cabelludo y caída del cabello.
Es también una excelente planta melífera, por lo cual es muy visitado por las abejas para obtener polen. La madera es empleada en ebanistería y grabado”.


“Desarrollo _ El Tilo, en general, es un árbol muy exigente en humedad aunque poco exigente en suelos, ya que puede desarrollarse en cualquier condición, siempre que sean fértiles. Su crecimiento es mayor en ambientes frescos durante el verano y es bastante resistente a la sequía y al frío.

Todas las especies de Tilo se multiplican por semillas, las cuales presentan problemas de germinación debido a su dura cubierta. Por este motivo hay que someterlas a tratamientos previos antes de la siembra. También tiende a emitir retoños desde la base y sus nudos son propensos a generar muchos vástagos.

De gran tolerancia a los trasplantes y floración en primavera, si se lo poda con frecuencia puede producir una segunda tanda de flores a inicios del verano.
 Una curiosidad _ Para los antiguos germanos el Ttilo representaba a Freya, la diosa del amor y de la suerte. Por eso es que muchos de sus poblados tenían su Tilo comunal en el centro de la plaza principal, y era punto de reunión y de celebración de bodas”.


ÁRBOLES CON ALMA
 Esta ciudad de Atlántida tiene “árboles con alma”, de ésos que guardan el espíritu de la persona que los puso allí. Uno se imagina que alguien plantó estos ejemplares y los cuidó con amor durante sus primeros años, -el Tilo es un árbol de crecimiento lento en su juventud-; luego esperó con ilusión su primera floración y cosechó con mucho cuidado las flores para usarlas en mágicas tisanas sanadoras.

Seguramente quien los hizo nacer sabía que estaba cultivando para el futuro; que sus plantas iban a superar largamente el período de la vida humana. (El Tilo es un árbol longevo que llega a vivir hasta 900 años). Pero ese, precisamente ese, fue el valor de los “plantadores” que aquí hubo en el pasado y de los que no me atrevo a dar nombres, para no omitir a nadie. Obsérvese que he escrito plantadores, y no forestadores.

Todos sabemos que hubo personas que hicieron de la plantación de árboles la razón de su existencia y, en muchos casos, el modo de ganarse la vida también.

Y es gracias a ellos que, desde la estación de ferrocarril hasta la rambla, Atlántida tiene ejemplares añosos. De Tilos, sí.

Pero también de Eucaliptus, de Pinos, de Tipas, de Aromos, de Palmeras, de Paraísos, de Palo borracho, de Robles, de Ibirapitá, de Jacarandá, de Álamos, de Araucarias, de Casuarinas, de Catalpa, de Timbó, de Cedro, de Ciprés calvo, de Moreras, de Higueras, de Tamarindos, de Acacias, de Sauces, de Olivos, de Ceibos, de Grevilleas, de Liquidámbar, de Parasoles de la China, de Castaño de la India, de Cipreses, de Cerezos de jardín, etc. Hasta árboles de Palta se pueden ver en algunas veredas.

Investigando un poco entre los habitantes más memoriosos, ellos nos dirán : “este árbol lo plantó fulano, este otro lo plantó mengano”. Esos árboles conservan en la memoria de la comunidad el recuerdo de aquel hombre, o mujer, que un día tomó una pala y un balde de agua, y se dedicó a plantar, sin saberlo tal vez, para todos nosotros.



Si bien es cierto que los primeros forestadores de la zona 
plantaron árboles maderables, pinos y eucaliptus 
esencialmente, como un negocio rentable, su proyecto los sobrepasó ampliamente; y después vinieron otros que ya no plantaban para vender la madera, sino por placer estético, por necesidad biológica, o por dejar su marca en el lugar. 

Entre todos, nos dejaron la base de un patrimonio natural que tenemos que preservar y –en lo posible- aumentar, cada año, cada día, con responsabilidad de habitantes orgullosos del lugar donde vivimos.    
                                                          Wilson Mesa 

Fuentes de información _ 
Libro “Atlántida, Guía Turística, Histórica y Cultural” _ Arinda González Bo _ Año 2011
Folleto de la Ing. Agr. Alondra González _  ”Caminata botánica por Atlántida” _ Año 2004

Imágenes - Fotografías de Arinda González Bo



Artículo publicado en la Revista CENTRO, N° 76, enero 2016.